Aclaración 5.-  Es falso que los protésicos puedan entregarles las prótesis a los pacientes (ni siquiera para que vayan al dentista a colocarlas y adaptarlas)

No olvidemos que la colocación de la prótesis dental comporta todo un conjunto de adaptaciones clínicas (es decir, a la boca, no al modelo maestro, al que la adaptación es una obligación del protésico). Estas adaptaciones clínicas se necesitan para su puesta en servicio, ya que el producto sanitario terminado de fabricar y adaptado al modelo maestro de yeso no es apto para ser utilizado por el paciente, porque la resiliencia de las encías, y la posibilidad de intrusión o versión dentarias bajo carga (debidas a la laxitud del periodonto y no reproducibles por el yeso) producen discrepancias ente los comportamientos de la prótesis en la boca y el comportamiento en el modelo,  que si no se corrigen pueden causar los efectos patológicos a medio o largo plazo que ya hemos visto en el parágrafo Posibles daños a medio y largo plazo por prótesis incorrectas 

No debe extrañar, por lo tanto, que la Administración sanitaria y los Tribunales hayan establecido reiteradamente que la prótesis dental tiene que ser entregada por el fabricante protésico dental al mismo facultativo que la prescribió (no otro, ni el paciente). 

Veámoslo:

Aparte de ilegal, la entrega directa de las prótesis al paciente es perjudicial para éste, porque si el dentista alegara que la prótesis es incorrecta y debe repetirse, y el protésico le dijera lo contrario, el paciente se quedaría en indefensión, ya que o bien tendría que buscar peritos para dirimir esa controversia entre el facultativo y el fabricante en la que se vería involucrado, o bien tendría que soportar el riesgo de daños a medio o largo plazo si decidiera emplearla sin estar bien hecha.

Se comprende que a los protésicos que quieren ejercer de dentistas sin serlo les apetezca la independencia de los dentistas, pero en países donde existe una garantía del Estado sobre la formación de los facultativos responsables de la salud de las personas, como en España, no se conciben procedimientos sanitarios tercermundistas, en los que puede admitirse que la falta de médicos se supla con curanderos o hechiceros, y la falta de dentistas con artesanos mecánicos o con profesionales de insuficiente cualificación.